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Revista Alternativas en Psicología

Foto: Luis Zaf

Los autores del enfoque sistémico en psicoterapia familiar y de pareja atinadamente han dicho que el sistema que constituye la familia o la relación de pareja conforma una totalidad con la cual debe trabajar el psicoterapeuta como una unidad, comprendiendo las interacciones y los subsistemas que la integran. Por ese motivo consideran que en la psicoterapia de pareja y en la psicoterapia familiar es conveniente trabajar conjuntamente con ambos integrantes de la pareja o con todos los miembros de la familia, según sea el caso. Señalan que no es conveniente realizar entrevistas por separado, en las que cada parte puede buscar una complicidad con el psicoterapeuta y provocar la suspicacia de los otros, o bien intentar que el psicoterapeuta sea un intermediario para la comunicación indirecta entre las partes en conflicto. Según esto, el psicoterapeuta puede correr el riesgo de ser absorbido en la homeostasis neurótica de la familia, formando parte de alguna de las facciones.

Considerando esos argumentos, en los primeros casos en que realicé psicoterapia familiar y de pareja, desde la primera sesión entrevistaba a todos los integrantes de la familia o a ambos integrantes de la pareja. A los pocos minutos me veía convertido en una especie de réferi tratando de calmar las expresiones fuertemente agresivas de unos hacia otros. Quienes en la vida cotidiana parecían ser víctimas de maltrato psicológico en la familia o en la pareja, aprovechaban el respaldo moral que significaba estar frente al psicólogo para sacar a relucir sus más profundos rencores y llenar de “bofetadas” psicológicas al “maltratador”, que en ese momento se veía debilitado al estar en un escenario que no era el habitual y siendo observado por el psicoterapeuta. Sin embargo, sin llegar a los extremos de los que hablaban los que se sentían víctimas, el presunto victimario se defendía descalificando las acusaciones o haciendo acusaciones recíprocas. El consultorio se llenaba de tensión y el psicoterapeuta tenía también un gran desgaste laboral, intentando conciliar con dificultad para llegar a consensos que si bien aceptaban todos o la mayoría, por razón o por cansancio, no tenían el arraigo emocional necesario, con lo cual la dinámica enfermiza persistía.

Después de pocos intentos, consideré que ese enfoque estaba equivocado y empecé a poner en práctica una nueva manera para realizar la psicoterapia familiar, tomando en cuenta mi más amplia experiencia en la psicoterapia individual y el surgimiento concomitante de la Teoría de la Praxis. Esta nueva manera de realizar la psicoterapia de pareja y familiar se centra en la técnica de diadas que ha sido perfeccionada a través de los años y aquí exponemos de manera integrada.

Entrevista inicial abreviada por separado

Cuando una pareja, o una familia, solicita ayuda psicoterapéutica y llegan a su primera sesión, antes de pasarlos al consultorio les pregunto si desean pasar juntos o consideran preferible que alguno o algunos pase(n) primero. Intercambian miradas y en segundos deciden cualquiera de las tres posibilidades: a) todos juntos; b) primero los padres; c) primero uno de los padres o de la pareja. Acepto su decisión, a la que considero un dato y comenzamos.

Después del saludo y los preámbulos de cortesía y primeros elementos de empatía, voy tomando sus datos básicos: nombre, parentesco o rol cuando no es evidente, edad, ocupación, estudios realizados. Les pido describir la manera de ser de los que no están presentes (psicograma) para ubicar sus valores, actitudes, cercanías, grado de afinidad o de rechazo. No pido que describan la manera de ser de los presentes porque eso podría desatar la batalla. Pido su domicilio o sus domicilios para ubicar nivel socioeconómico y contexto cultural, así como su teléfono celular para poder localizarles en caso de necesidad.

A continuación solicito me indiquen cuál fue el acontecimiento que les hizo tomar la decisión de acudir a psicoterapia. Observo quién toma la  iniciativa para contestar la pregunta y las reacciones que van teniendo los demás (el otro en el caso de la relación de pareja). No tarda mucho en que la narración comience a generar controversia entre ellos. Apenas veo que inicia la controversia, con la prudencia, cortesía y amabilidad que deben caracterizar al psicoterapeuta, pero sin permitir siquiera que se aclare demasiado o se adentren en la discusión, a la mayor brevedad posible, pido quedarme solamente con la persona que ha tomado la iniciativa para responder, que se observa con mayor interés en la psicoterapia, pidiendo a los demás, en su caso al otro integrante de la pareja, que pasen a la sala de espera.

Para facilitar la explicación didáctica de lo que significa la técnica de diadas, imaginemos que se trata de una Psicoterapia de Pareja y, al final, veamos cómo esta técnica también se usa en la psicoterapia familiar.

Puede ser que desde el inicio la pareja prefiera que uno de ellos sea el que pase primero o bien, si pasan ambos, en cuanto inicia la controversia –como decíamos- el psicoterapeuta pide hablar por separado con cada uno de ellos, primero el más motivado.

Ya estando a solas, el psicoterapeuta reitera la pregunta: ¿Qué fue lo que sucedió para que decidieran solicitar psicoterapia? Tomando como dato la respuesta del paciente, el psicoterapeuta pide detalles narrativos de un acontecimiento específico para ubicar con precisión el núcleo del requerimiento terapéutico. Con base en ese núcleo en un tiempo no mayor de 25 minutos, el psicoterapeuta indaga diferentes aspectos de la situación actual que entran en relación dinámica con dicho núcleo (salud corporal, familia, pareja, amistades, escuela, trabajo-economía, rasgos de personalidad y estados de ánimo) y cuáles fueron los eventos previos al inicio de esta etapa (disparadores). Solicita información resumida sobre la trayectoria desde el inicio de la relación de pareja, así como los antecedentes significativos de parejas anteriores, y la forma en que el paciente se relacionó con cada uno de sus padres, hermanos, otros familiares significativos, amistades, maestros y compañeros durante la infancia y la adolescencia, observando la conformación de su rol como pareja a través de dichas relaciones; también reviso la manera en que los momentos y etapas más significativos de su vida pueden estar influyendo en su personalidad en relación con el núcleo.

Dentro de esos 25 minutos, el psicoterapeuta también aprovecha para intervenir con los siguientes 3 aspectos que son fundamentales:

  1. Co-visión. La co-visión consiste en lograr que una persona perciba un hecho desde el ángulo personal y también desde el punto de vista de otro(s). Al preguntar y dialogar con las narraciones del paciente, cuando éste cuestiona o culpa a otra persona, el psicoterapeuta brevemente puede apuntar posibles lógicas o puntos de vista que explican el proceder del otro; de tal manera que se sensibiliza al paciente para que pueda enfocar los hechos de manera más integrada y, por tanto, más sana; menos ensimismada. No se trata de insistir o de algo exhaustivo. No se trata de realizar una co-visión plena, profunda o sistemática, sino solamente de aprovechar algunas oportunidades para generar sobre la marcha algunos elementos de co-visión que se antojen oportunos.
  2. Grado de interés. Cuando está terminando la investigación, si aún no ha quedado suficientemente claro, el psicoterapeuta pregunta al paciente sobre el grado de interés que tiene en la relación de pareja, tratando de valorar el nivel de energía emocional, el nivel de compromiso, con el que se puede contar para darle impulso y movimiento al proceso psicoterapéutico. Si el grado de interés pudiera considerarse como “cero”, el enfoque de la psicoterapia cambia; no se puede hablar de psicoterapia de pareja (o familiar) y se canaliza hacia psicoterapia individual si el paciente parece interesado en ello, o, si no, se suspende el trabajo psicoterapéutico con esa persona pudiendo continuar con la otra parte.
  3. Predisposición positiva. El psicoterapeuta toma nota de lo que el paciente va diciendo que le gustaría o podría hacer(se) para mejorar la salud psicológica de la pareja. Si las expresiones espontáneas en ese sentido fueran escasas, el psicoterapeuta pregunta abiertamente al paciente qué le gustaría o que podría hacer para contribuir a mejorar la situación. Propicia que el paciente exprese con claridad lo que desea y lo que podría hacer, ayudándole a precisar algunas de sus ideas con base en los criterios y la experiencia terapéutica.

Al cumplirse los 25 minutos el psicoterapeuta usa unos 3 minutos para explicar al paciente sus conclusiones generales (diagnóstico y pronóstico), todavía preliminares. Le explica que ahora pasará la otra persona y en caso de ser pertinente, después de un tiempo similar, les pedirá que pasen ambos para realizar un ejercicio compartido y para darles un punto de vista integrado.  Si el paciente tiene preguntas se aclaran procurando no extenderse en el tiempo para permitir que desde la primera sesión haya un trabajo psicoterapéutico concreto. Pasa al otro integrante de la pareja y realiza una minientrevista de 25 minutos de manera similar a como lo hizo con la primera persona. El psicoterapeuta debe tener cuidado de no transmitir información de una parte a la otra, aun cuando el paciente pregunte si ya el otro le dijo o le comentó sobre tal o cual tema: “Los psicoterapeutas no pasamos información de una parte a otra, hay absoluta confidencialidad. Ustedes sí pueden, si quieren, comentar todo lo que haya ocurrido en la sesión. Si el psicoterapeuta considera que lo dicho por uno es importante que lo sepa el otro, le pedirá expresamente que lo comenten de manera directa ya sea dentro o fuera del consultorio”.

Al terminar la minientrevista con el segundo paciente, si ambos expresaron tener interés y estar dispuestos a realizar algunas acciones para mejorar la relación, se procede a realizar el ejercicio de diadas, si alguno de los dos no lo tiene claro se puede dar un poco de tiempo para pensar en lo conversado y realizar una segunda sesión por separado, a la semana siguiente, como una continuidad y consolidación de la primera. Si uno de los dos tiene claro que no tiene ya interés en la relación se procede a la técnica de divorcio psicológico. En este texto, solamente nos ocuparemos de la técnica de diadas que se aplica cuando ambos expresaron interés y disposición durante la minientrevista.

Ejercicio de diadas

Estando ya los dos integrantes de la pareja sentados frente al psicoterapeuta, éste les dice lo siguiente:

“En la primera parte de esta sesión he podido comprender el punto de vista de cada uno de ustedes. Los dos han expresado interés y disposición para superar la situación que han estado viviendo en la relación de pareja. Para iniciar, les comenté a ambos que en caso de verlo pertinente realizaríamos un ejercicio técnico con el que se suele iniciar una terapia de pareja (o familiar en su caso). Este ejercicio dura entre 15 y 20 minutos y tiene 2 etapas básicas. En la primera de estas etapas vamos a hablar solamente de cosas agradables a través de preguntas que yo les iré haciendo, si dicen algo que pueda ser desagradable les interrumpiré lo más rápidamente posible para que solamente se concentren en mencionar cosas agradables. Cuando haya concluido esa primera parte, pasaremos a la segunda parte en la que hablaremos de aquello que no es tan agradable, yo les indicaré cómo lo haremos”. Se verifica que ambos pacientes hayan captado con claridad las reglas del ejercicio y se procede.

Primera parte: recorrido de recuerdos agradables

El psicoterapeuta elige primero a la persona que aparece más motivada con la psicoterapia para hacerle una serie de preguntas recorriendo los eventos agradables de la historia compartida por la pareja: ¿cómo se conocieron? ¿Qué le llamó la atención de la otra persona? ¿Cuándo pensó por primera vez en que iba a iniciar una relación de pareja? ¿Cómo fue el momento en que iniciaron su noviazgo? ¿Cuáles son los tres recuerdos más agradables del noviazgo? Si fue la clara la decisión de casarse ¿Cómo decidió casarse? Si se casaron de manera forzada se salta esa pregunta. ¿Cuáles fueron los momentos agradables de la primera etapa del matrimonio? ¿Cuáles fueron los momentos agradables de la etapa intermedia? ¿Cuáles han sido los momentos agradables en la etapa más reciente? Para terminar el interrogatorio el psicoterapeuta dice: “Imagine usted que en este momento está reunido(a) con varias personas que no conocen a su pareja y ella no está presente. Las personas le preguntan cómo es su pareja. Para responder diga usted con sinceridad solamente sus características agradables”.

Cada una de las preguntas busca respuestas lo más descriptivas posibles. No es suficiente con descripciones generales como “salíamos a pasear”, sino que es necesario que recuerden específicamente un paseo, por ejemplo, cuando fueron a Xochimilco, y que describan lo ocurrido como si se tratara de una película. El psicoterapeuta tiene como objetivo que dichas descripciones generen imágenes mentales tanto en la persona que está hablando como en la otra, que escucha. Entre más nítidas sean esas imágenes se generan importantes reacciones emocionales en ambos, cambios favorables en el estado de ánimo, revaloración de esos recuerdos agradables y una actitud más abierta y positiva hacia la otra persona.

Al terminar el recorrido narrativo con la primera persona, el psicoterapeuta hace lo mismo con la segunda, pidiendo también que responda descriptivamente, su punto de vista sobre los recuerdos agradables, independientemente de lo que haya narrado la otra persona.

Segunda parte: una sola cosa que quisiera que el otro cambiara en su manera de ser

Al terminar el recorrido de lo agradable en ambos integrantes de la pareja, el psicoterapeuta dice:

“Muy bien. Ahora pasaremos a la segunda parte de este ejercicio. En esta segunda parte cada uno de ustedes hará una propuesta, una sugerencia, una petición a su pareja, algo que le gustaría que modificara en su manera de ser. No es posible dos o más propuestas, sólo una, aquella que consideren más importante”.

El psicoterapeuta pide primero la respuesta de la persona más motivada. Dado el recorrido previo por lo agradable, debido al fenómeno de la viscosidad emocional, ambas partes estarán con el mejor ánimo para aceptar una propuesta de cambio y para comprometerse a hacerlo. La práctica de esta técnica durante muchos años ha sido prácticamente infalible para lograr la disposición y motivación positiva de ambos integrantes de la pareja.

Las personas expresan dificultad para concentrarse en una sola propuesta, quisieran decir muchas de sus inconformidades. El psicoterapeuta puede explicar que esto no es conveniente para hacer eficiente el proceso de cambio, entre más peticiones de cambio en la manera de actuar menos posibilidades de que se realicen y se mantengan. El paciente comprende la explicación del psicoterapeuta, piensa un poco y hace su propuesta, generalmente en forma negativa y general o de manera abstracta. Por ejemplo, dice “que no me grite”, “que no me falte al respeto”, que “deje de ser mala onda conmigo”, etc.

El psicoterapeuta trabaja con el paciente para poner su propuesta en forma positiva y concreta, usando la mayéutica y ejemplos: “Dice usted que quisiera que su pareja no le grite, ¿qué quisiera usted que hiciera su pareja en lugar de eso?”. El paciente puede decir: “Que me hable con calma”, con lo cual ya está en positivo la propuesta pero hace falta darle concreción y poner un ejemplo. El psicoterapeuta pregunta: “Específicamente en qué momento y de qué manera le gustaría que su pareja le hablara con calma”. El paciente puede responder, “cuando llego un poco más tarde”. El psicoterapeuta pregunta: “¿Cómo quisiera que su pareja le hablara si usted llega tarde”. El paciente dice: “Que me preguntara con calma por qué estoy llegando tarde y escuchara con paciencia mi explicación”. Aquí aparece ya la propuesta bastante concreta. Todavía se puede pedir al paciente que ponga un ejemplo de cómo realizaría su pareja esa acción, recordando un momento reciente y cómo él hubiera reaccionado si su pareja le hubiera hablado con calma y le hubiera escuchado.

Cuando ya se tiene en positivo y de manera bastante precisa y concreta la propuesta del primer paciente, el psicoterapeuta se dirige al segundo paciente para preguntarle: “¿Estaría usted dispuesto(a) a hacer un intento en los próximos días, de aquí a la siguiente sesión, para realizar lo que le propone su pareja? Se trata de que lo intente no necesariamente que lo logre al 100% ¿Podría?”. Por la forma de esta pregunta, la forma positiva y precisa de la propuesta, el estado de ánimo generado con el recorrido de lo agradable y los tres elementos que el psicoterapeuta trabajó en la minientrevista, el paciente responde afirmativamente en el 100% de los casos. Es frecuente que el paciente que está recibiendo la propuesta quiera poner una condición a cambio, para él realizar el intento mencionado. El psicoterapeuta interviene para mencionar que la idea es que si acepta la propuesta a partir de ese momento se convierta en un propósito personal independientemente de lo que haga o deje de hacer la otra persona. El psicoterapeuta busca que el paciente comprenda muy bien esto para evitar la condicionalidad que puede echar a perder el efecto de la técnica.

Cuando el segundo paciente acepta hacer suyo el propósito que surge de la propuesta de su pareja, el psicoterapeuta lo escribe en la hoja de propósitos compartida, anteponiendo su nombre: “1. Manuel: Mantener la calma y preguntar qué ha pasado cuando Gloria se demore”.

A continuación, el psicoterapeuta pide al segundo paciente que haga una propuesta, sugerencia o petición de un cambio en la manera de ser de su pareja. Se procede exactamente de la misma manera que con el primer paciente.

Cierre de la sesión

Después de que ya se han escrito los propósitos de ambos. El psicoterapeuta expone sus conclusiones sobre lo que ha ocurrido en la historia de la pareja, cuáles han sido los motivos que han generado tensiones y conflictos, así como la perspectiva que tendrá el tratamiento. Dialoga con la pareja para aclarar preguntas y precisar las conclusiones.

El psicoterapeuta, con base en la información recabada de las cosas agradables, les propone realizar alguna actividad específica de convivencia-diversión como pareja: “3. El domingo ir a montar a caballo en La Marquesa”. También les propone poner como propósito (4) realizar la lectura de Asertividad y (5) contestar por separado el Ejercicio Terapeútico No. 1 y traerlo.

El psicoterapeuta explica que cada quien es responsable de sus propios propósitos y que no es recomendable que la otra persona esté recordando o exigiendo que se cumplan, o condicionando cumplir lo propio solamente si el otro cumple lo suyo. En la siguiente sesión, después de comentar los eventos agradables y desagradables de la semana, el psicoterapeuta le preguntará a cada quien sobre su propósito y analizará individualmente, con la presencia del otro, el grado en que lograron o no cumplir lo que pretendían. Si la persona dice que ha cumplido muy bien con su propósito se le preguntará al otro para confirmar o matizar lo que dice el primero, pero si éste dice que ha cumplido “regular” o no ha cumplido con su propósito se analizará de manera individual el porqué, y se verá la forma de hacer ese propósito más accesible o pertinente, con la presencia del otro pero sin preguntarle a éste su opinión.

Para terminar la sesión, el psicoterapeuta acuerda la próxima cita con los pacientes, la pone por escrito en la hoja de propósitos y le entrega una copia a cada uno de los integrantes de la pareja. Les hace notar que al reverso de la Hoja de Propósitos hay un Cuestionario de Autoevaluación que les pide responder unos minutos antes de acudir a la siguiente sesión psicoterapéutica.

El psicoterapeuta se despide de manera cálida y optimista.

Sesiones subsecuentes

En la segunda sesión (o en la tercera si el ejercicio de diadas se hizo en la segunda) pasan ambos pacientes al consultorio. Después de los saludos, el psicoterapeuta les pide sus Cuestionarios de Autoevaluación y los revisa rápidamente al mismo tiempo que les pregunta a cada uno de los integrantes de la pareja, de manera alternada, sobre lo agradable de la semana para realizar: lectura de implícitos, narrativa, referencia histórica, y escribir algún posible propósito derivado de lo narrado. Cuando ha concluido la narración de uno le pide al otro que haga algún comentario breve al respecto. Después de que cada integrante ha descrito uno o dos eventos agradables, el psicoterapeuta le pregunta a uno qué ha sido lo más desagradable de la semana, con base en ello, el psicoterapeuta realiza lectura de implícitos, segmentación narrativa, referencia histórica, mayéutica y mentalización, escribiendo el propósito correspondiente a uno o dos de los primeros eslabones de la segmentación narrativa. El psicoterapeuta revisa los propósitos de cada quien, retroalimenta y analiza el grado de cumplimiento y la manera de darle continuidad. En la medida en que lo ve conveniente pregunta el punto de vista del otro. Al final propone una nueva lista de propósitos y la fecha y hora de la siguiente cita.

En la tercera sesión, pide a los integrantes de la pareja que pasen alternadamente por separado, entre 5 y 15 minutos cada uno, para conocer su punto de vista individual sin la presencia de la otra parte. Después los reúne para proceder de la misma manera que en la sesión segunda.

De esa manera las entrevistas por separado se van espaciando. Se recomienda tener breves charlas por separado en la sesión 6, 11 y 16. Al mismo tiempo se van espaciando las sesiones: en términos generales pueden ser de entre 4 y 6 sesiones una vez por semana y luego 4 a 6 sesiones una vez por quincena; 4 a 6 sesiones una vez por mes; 4 a 6 sesiones una vez cada dos meses. Esta última etapa se considera pre-alta y luego se puede tener un seguimiento una o dos veces por año. La duración y espaciamiento de las sesiones puede ser más rápido o más lento dependiendo de la gravedad del caso. En algunos casos es necesario complementar la psicoterapia de pareja con sesiones de psicoterapia individual y/o con sesiones de psicoterapia de grupo, cuando uno o ambos integrantes padecen alteraciones personales significativas que trascienden claramente a la conflictividad de la pareja: adicciones, celos exagerados, apatía primaria, depresión primaria, ansiedad generalizada, inseguridad excesiva, heridas emocionales, estrés postraumático, rasgos psicóticos, etc.

La técnica de diadas en la psicoterapia familiar

La técnica de diadas también es la manera de iniciar una psicoterapia familiar, a la que debieran orientarse casi todas las psicoterapias individuales, cuando es posible hacer participar a uno, a varios o a todos los integrantes de la familia.

Para aplicar la técnica de diadas en la terapia familiar se realiza algo análogo a lo explicado en cuanto a la terapia de pareja, solamente que las diadas pueden ser padre-hijo, hermano-hermano, abuelo-nieto, dependiendo de cómo esté integrada la familia.

La primera diada con la que se trabaja en la terapia familiar es con la persona más motivada, con la que ha tomado la iniciativa para realizar la psicoterapia familiar, la que toma más rápidamente la palabra para responder con diligencia las preguntas del psicoterapeuta y con la persona más vulnerable. La más fuerte-positiva (la más sana) y la más vulnerable emocionalmente constituyen la primera diada.

En la primera parte de cada sesión subsecuente se realiza un ejercicio de diadas diferente empezando con la minientrevista a uno de los integrantes de la familia que aún no ha pasado para hacer el ejercicio de diadas con otro que ya participó en una sesión anterior. En la segunda parte de cada sesión se reúnen a aquellos integrantes de la familia que compartieron el ejercicio de diadas entre sí y se trabajan con base en los reactivos 2, 3 y 6 del Cuestionario de Autoevaluación. Al irse realizando más ejercicios de diadas, poco a poco se va integrando a más miembros de la familia. Cuando terminan las combinaciones de diadas la sesión completa se basa en los reactivos del Cuestionario de Autoevaluación.

Considerando la evaluación del psicograma y otros datos recabados por el psicoterapeuta acerca de cada uno de los integrantes de la familia, para entender más claramente la estrategia psicoterapéutica familiar identifiquemos con letras a los posibles integrantes de la familia, de la siguiente manera:

  1. La persona más sana, motivada, positiva y comprometida con la psicoterapia (relativamente al contexto familiar)
  2. La persona más vulnerable de la familia
  3. La segunda persona más sana, positiva y motivada
  4. La tercera persona en grado de compromiso, motivación y salud psicológica
  5. La persona con más rigidez y agresividad; la que muestre más resistencia al proceso psicoterapéutico.

Considerando la asignación de esas letras, la estrategia para realizar las diadas subsecuentes sería de la siguiente manera:

Número de sesión

Primera parte

Minientrevista

30 minutos

Segunda parte

Ejercicio de diadas

20 minutos

Tercera parte

Reactivos 2, 3 y 6 del

Cuestionario de Autoevaluación

40 minutos

1

A - B

A + B

 

2

C

A + C

A + B

3

 

B + C

A + B + C

4

D

A + D

A + B + C

5

 

B + D

A + B + C

6

 

C + D

A + B + C + D

7

E

A + E

A + B + C + D

8

 

C + E

A + B + C + D

9

 

D + E

A + B + C + D

10

 

B + E

A + B + C + D + E

11 y siguientes

A + B + C + D + E

Si algún integrante de la familia no acude a la psicoterapia o deja de ir, se trabaja con una distribución similar con aquellos que si estén dispuestos a participar.

Después de la sesión 11, suponiendo que la familia sea de 5 integrantes, en las sesiones 12 a 16 el psicoterapeuta dedicará 10 a 15 minutos del principio de la sesión para escuchar la vivencia personal de uno de los integrantes de la familia y brindarle orientación,  en la misma secuencia: ABCDE.

La psicoterapia se mantiene semanal mientras todavía no se concluya con el proceso de diadas. Después de eso, se inicia el espaciamiento gradual de las sesiones, según sea el grado de avance del proceso psicoterapéutico.