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Revista Alternativas en Psicología

Imagen: Jeff Safi

Sin duda, el libro más importante en la psicología de todos los tiempos es La interpretación de los sueños de Sigmund Freud, publicada en 1900, como punto culminante de sus investigaciones sobre los procesos psicológicos inconscientes. El concepto de condensación simbólica y la importancia que Freud le atribuye a los enlaces raros o absurdos que ocurren en muchos sueños son contribuciones fundamentales para entender la lógica de la libre asociación que forma parte fundamental de los procesos psicológicos.

La Teoría de la Praxis coincide plenamente con Freud en considerar que todo aquello que se sueña tiene determinaciones que pueden ser comprensibles y explicaciones racionales. Es decir, nada ocurre porque sí, sin causa.

 

Lo inconsciente en los sueños

Si bien valora la genialidad y las grandes aportaciones de Freud para comprender los fenómenos psicológicos, en especial, de los sueños, la Teoría de la Praxis, cuestiona el concepto freudiano de inconsciente como dimensión dinámica paralela o simultánea a la consciencia. Para esta nueva Teoría, existen procesos inconscientes que son inherentes a los procesos conscientes y que se evidencian en cualquier asociación libre sin implicar una especie de vida oculta o paralela. Es conveniente eliminar el aspecto misterioso que Freud y sus seguidores le dieron al “inconsciente” para hacer notar que “lo inconsciente” puede ser accesible si se usa la metodología adecuada. Así, mientras que Freud ve en los sueños deseos sexuales o agresivos que han sido reprimidos y subsisten en una dimensión a la que la consciencia no tiene acceso sino después de un tratamiento psicoanalítico que le permita derrumbar la censura y aceptar la existencia de esos deseos inmorales, en la Teoría de la Praxis lo inconsciente dentro de los procesos psicológicos (también somos inconscientes de procesos orgánicos, astronómicos, sociales, etc.), implica que una persona por ejemplo no se dé cuenta de por qué relacionó una palabra con otra, cómo se le ocurrió un tema o una nueva idea.

Así como ocurre en muchas charlas informales que derivan en temas muy alejados del que les dio origen, los diálogos divagan tanto como el lector de una novela o el estudiante durante la clase. En un momento dado la persona siente que “se le ocurrió” tal idea sin saber por qué. Si en ese momento se le interroga acerca de su proceso mental, muchas veces es fácil encontrar el hilo, la secuencia y la combinación de ideas que le hicieron tener esa aparente “ocurrencia”. Solamente bajo situaciones de tensión, cuando hay alguna alteración emocional o alguna enfermedad que afecte el funcionamiento del cerebro, la persona tendrá dificultades o le será imposible re-producir la manera en que algo vino a su mente.

Es cierto que a veces no podrá aceptar algunos elementos íntimos que no conviene revelar y también es cierto que otras veces sus conflictos emocionales no le permitirán captar una determinada influencia emocional debido a que altera su autoimagen o autosensación (represión y negación). En este caso, para superar esa represión o negación no bastará (y puede ser incluso contraproducente) que el psicoterapeuta le insista en hacerle notar las fuerzas emocionales presentes en su conflicto. Se requiere ayudar a resolver ese conflicto y no siempre el primer paso es aceptar su existencia. Muchas veces es posible preparar gradualmente a la persona para ayudarle a tener los recursos necesarios para confrontarse con aspectos emocionales a los que no había podido afrontar antes.

En la Teoría de la Praxis, los sueños también son una serie de “ocurrencias” que vienen a la mente del soñante, en forma de imagen situacional, cuyas causas muchas veces no son fácilmente entendibles de manera racional. A diferencia del estado de vigilia que implica una mayor organización lógica, debido a que la persona que está despierta tiene más presente para sí la perspectiva de los demás, durante el sueño, el sujeto divaga sin que nada  le exija coherencia (más que algunas de sus propias ocurrencias, o sea, él mismo).

Los sueños como semi-lenguaje y organización emocional

Mientras que en la teoría freudiana los sueños son expresión disfrazada de deseos reprimidos, en la Teoría de la Praxis los sueños constituyen una especie de lenguaje icónico que expresa diversos tipos de emociones o sentimientos del soñante, las cuales aún no logra expresar de manera verbal. A diferencia de otros animales, los seres humanos estamos constituidos semióticamente, todo tiene significado. Cada cosa que percibimos se vuelve un significante y evoca una gama de “asociaciones” generadas históricamente. A esa gama de asociaciones que un símbolo contiene Freud le llamó condensación, considerando que en un símbolo durante el sueño hay un cúmulo de elementos que están combinados de manera sincrética o alógica, como lo hacen también los artistas, los niños preescolares y los locos. Ese concepto de Freud se acerca al concepto de Haz semiótico de la Teoría de la Praxis.

En la tradición lingüística y semiológica se distingue entre significante y significado. El significante es el signo o símbolo que “representa” a un “significado” o imagen mental que se asocia a ese signo. Sin embargo, para la Teoría de la Praxis en realidad:

  1. Un símbolo o signo representa, o más bien hace evocar con intensidad variada y variante, a una gama de “significados” o “imágenes mentales” que pueden ser objetos, personas, cosas, animales, acciones, sentimientos, emociones, sensaciones, situaciones, historias, lugares, etc., etc. Este haz semiótico interactúa con el conjunto de haces semióticos que va generando un discurso, una secuencia de vivencias, etc. En eso reside la complejidad de los fenómenos psicológicos, entre ellos los sueños.
  2. Cada significado evocado por un significante, inmediatamente se convierte también en significante generando un nuevo haz semiótico, que interactúa con el primero, con otros haces semióticos que el primero generó simultáneamente y con los propios haces semióticos que genera el segundo, en una especie de cadena cada vez más tenue y difusa.

La educación implica la organización, la sistematización de haces semióticos, por eso se habla de “enseñanza”, cuya etimología se traduce como “poner en señal”, hacer que una persona responda de cierta manera ante determinados signos o símbolos (situaciones). La ciencia pretende la organización semántica a través de sistemas conceptuales que pretenden acotar a uno solo, claro y distinto, los múltiples significados que genera un signo. La semántica es necesaria para la organización precisa de las acciones colectivas con miras a producir un determinado efecto previsto ((técnicas y tecnología). Sin embargo, el procesamiento semántico no deja de coexistir e interactuar con el procesamiento semiótico de los signos y símbolos. El procesamiento semántico requiere de concentración mental mientras que el proceso semiótico ocurre de manera involuntaria todo el tiempo, incluso y sobre todo en los sueños. Aun cuando se intente un procesamiento puramente semántico de la información (en las matemáticas, o en las ciencias), los fenómenos semióticos no pueden desligarse de cada elemento semántico.

El proceso semiótico implica una fuerza centrífuga hacia el desorden por la rápida sucesión de gamas de asociaciones, una tras otra, como en casos de esquizofrenia; y, al mismo tiempo, todo signo constituye un núcleo organizador y las relaciones estables entre conjuntos de signos y símbolos constituyen la organización, por ejemplo, de una lengua, de una cultura, de una sociedad, etc. Entonces, los sueños son expresiones relativamente desordenadas de emociones que paradójicamente propician algún grado de organización, como las charlas de café ayudan a los parroquianos a tomar decisiones a veces importantes de su vida personal. El lenguaje, los signos y los símbolos (verbales y no-verbales) son organizadores de la desorganizada y continua experiencia humana. Por eso, una persona con emociones más enmarañadas y/o intensas tenderá a recordar más sueños intrincados y absurdos, así como las personas que hablan poco de sus emociones (ya sea por inhibición o por falta de hábito o por no tener con quién compartirlas) puesto que no han podido expresarlas verbalmente; mientras que alguien que tiene relativa claridad de lo que quiere y de lo que no quiere, porque lo ha conversado con alguien más, recordará sus sueños con menos frecuencia porque serán más triviales. Esto se hace evidente en la experiencia clínica: un paciente suele recordar mucho más sus sueños al inicio de la psicoterapia, cuando está abrumado de conflictos emocionales (es lógico); mientras que su avance emocional correlaciona con la disminución de sueños que recuerde y en las etapas más avanzadas casi no recuerda lo que sueña, lo que constituye un signo de salud psicológica.

A diferencia de Freud, que consideró a los sueños como expresión de deseos reprimidos en  “el inconsciente”, que se expresan de manera simbólica para eludir la vigilancia represiva de los valores morales del que sueña, en la Teoría de la praxis consideramos que los sueños constituyen una forma de estructuración emocional motivada tanto por deseos, como por temores, rencores y alegrías, y sus posibles combinaciones, a través del semilenguaje metafórico, metonímico y evocaciones por contigüidad histórica en las representaciones icónicas y de su entramaje narrativo. Una metáfora ocurre cuando un símbolo se asocia con otro por su contenido y una metonimia ocurre cuando un símbolo se asocia con otro por su forma. Las evocaciones por contigüidad histórica ocurren cuando una objeto-sensación representa a otro objeto-sensación con los que ha estado asociado reiteradamente en la historia de la persona. Una persona que sueña que no puede frenar un auto puede estar teniendo una asociación metafórica con la vorágine que tiene su vida o alguna responsabilidad que tiene adjudicada análoga a la que tiene alguien al conducir el auto; mientras que una persona que sueña una habitación con 10 camas puede tener una asociación metonímica con los 10 años de edad que tiene. Una evocación por contigüidad histórica ocurre cuando una persona sueña con el lugar donde siempre esperaba la llegada de su madre, aun cuando no aparezca la madre en el sueño. Por supuesto, las asociaciones metafóricas, metonímicas y por contigüidad histórica se combinan en un solo proceso. El número 10 es metonímico en el ejemplo anterior pero las camas tendrían probablemente un sentido metafórico y sería conveniente saber qué recuerdos específicos tiene el soñante en relación con las camas y con la existencia de varias camas en una habitación.

Para la Teoría de la Praxis, los sueños son vivencias reales del paciente, distintas a las que tiene en vigilia y muchas veces sin una conexión clara entre ambos tipos de experiencia. La distinción entre una y otra dimensión, entre el sueño que es una vivencia exclusivamente personal y las experiencias compartidas con otros que constituye la vigilia. es importante para desarrollar la coherencia y congruencia necesarias para tener salud psicológica y una inserción social también sana. Cuando los sueños son compartidos con otros también forman parte de la realidad de éstos.

Niveles de expresión y organización emocional

En efecto, entre más intensa sea una emoción y más recientes sus motivos, su forma de expresión será más general y desestructurada (lógicamente). Por ello las emociones pueden tener los siguientes niveles expresivos:

  1. Corporal (tensión muscular, risa, llanto, expresiones faciales, violencia corporal, nudo en la garganta, piel de gallina, erizamiento del pelo, etc.)
  2. sueños
  3. juegos y chistes
  4. arte (receptivo y expresivo)
  5. mitologías y leyendas
  6. análisis lógico-científico y estructuración técnica
  7. acción política (en el sentido más amplio, puede ser dentro de la familia: organizar al grupo o colectivo)

Si bien cada nivel significa una mayor estructuración de la expresión emocional, todos ellos pueden integrarse en un sólo proceso y tener variaciones, así como volverse habituales ante determinado tipo de acontecimientos.

Un proceso emocional puede ser de tal intensidad y duración que no logre estructurarse con las expresiones de un nivel causando estragos y malestares (gastritis, pesadillas, ludopatía, obsesiones y compulsiones, fanatismo, rigidez, terrorismo), por lo que el psicoterapeuta puede contribuir a estructurarlo propiciando la expresión en el siguiente nivel o a través de varios de ellos. De allí que muchos psicoterapeutas también recomiendan la expresión mediante dibujos y otras expresiones estéticas, o a través de una carta, con una silla vacía, en un juego de roles, etc.; así como las mitologías, las leyendas, los análisis científicos y la participación en actividades sociales son formas de expresión emocional que contribuyen a organizar las emociones de quienes se expresan mediante ellas.

Al organizar las emociones se favorece la relajación y la mayor capacidad de afrontamiento de las circunstancias que continúan generando cambios emocionales en una persona. Esta es la verdadera explicación de los efectos logrados a veces mediante el psicoanálisis y la interpretación de los sueños, lo que le ha dado su valor psicoterapéutico, interpretado equivocadamente por Freud y sus seguidores como “revelación del inconsciente”.

Los sueños en el proceso psicoterapéutico

La Teoría de la Praxis no considera como punto principal de la psicoterapia “hacer consciente lo inconsciente”, incluso a veces no es necesario o recomendable para mejorar la salud psicológica. Sin embargo, el análisis de sueños, de dibujos, de expresiones del rostro y/o del cuerpo, constituye un elemento complementario y auxiliar para captar con mayor claridad e integración los mensajes verbales del paciente. Una ventaja que tienen los sueños sobre los demás aspectos mencionados es que –como lo hizo ver Freud- en los sueños se amplifican sensaciones (externas o internas), de tal manera que a través de ellos podemos detectar y comprender aspectos sutiles del proceso psicológico de una persona a las que ella no les da relevancia consciente. Así, estudiar los sueños de una persona equivale a ver sus procesos emocionales con un “microscopio” psicológico.

En efecto, la Psicoterapia de la Praxis considera que el análisis e interpretación de sueños es un elemento auxiliar y complementario, especialmente recomendable cuando una persona es demasiado lacónica, desorganizada o evasiva para expresarse verbalmente. Más recomendable aún es analizar e interpretar los sueños repetitivos porque en ellos se evidencia la expresión de emociones duraderas que están reiteradamente teniendo una influencia sobre la vida de la persona. Los sueños repetitivos son más fáciles de interpretar que los sueños que no se repiten, pues en los primeros sus anclajes emocionales resultan muy claros después de aplicar la técnica para la interpretación de los sueños en la Teoría de la Praxis.

En casi todas las sesiones, los psicoterapeutas deben preguntar al paciente si recuerda lo que ha soñado recientemente y qué soñó para:

  1. Combinar esa vivencia del paciente con las vivencias que tiene durante la vigila y tener así una perspectiva integral
  2. Analizar los sueños repetitivos o más impresionantes para el paciente
  3. Analizar los sueños en la fase intermedia de la terapia, cuando el paciente ya está avanzando en la organización de sus emociones y en los sueños pueden encontrarse los aspectos que aún no han sido abordados de manera verbal para profundizar en el proceso terapéutico.
  4. Evaluar la disminución de la frecuencia con que el paciente recuerda lo que sueña o la intensidad emocional relativa de los mismos, como un indicador del avance en la organización emocional del paciente que implica la confianza para comentar abiertamente sus sentimiento con el psicoterapeuta y con otras personas de sus grupos primario y secundario.

Técnica para la interpretación de los sueños en la Teoría de la praxis

A pesar de que la Psicoterapia de la Praxis no se concentra en la interpretación de sueños para realizar el proceso psicoterapéutico, considerándolo como algo complementario o auxiliar, sí considera importante que un psicoterapeuta sea capaz de interpretar sueños porque ello le permite comprender y aprender a escudriñar de manera minuciosa los complejos procesos simbólicos del ser humano, lo que será importante en su capacidad para comprender también sus narraciones, sus situaciones, sus procesos, sus necesidades, su historia, y, por tanto, el psicoterapeuta será capaz de desarrollar estrategias más integrales y tácticas más oportunas para impactar la vida psicológica de sus pacientes en beneficio de ellos.

En ese sentido, retomando y sistematizando la técnica de Freud para la interpretación de los sueños, modificada dentro con los señalamientos y conceptos de la Teoría de la Praxis, hemos diseñado la siguiente técnica para realizar la interpretación de sueños:

  1. Entrevista previa. Realización de una entrevista completa (datos básicos, rapport, semiología de la imagen, el comportamiento y a manera de expresarse, psicodrama, preocupación más importante en el momento, cuadro clínico, antecedentes directos del cuadro clínico, contexto de vida). Hacer un resumen con lo más esencial.
  1. Solicitud de narración del sueño (anotar todo lo que diga la persona hasta que ella dé por concluida la narración)
  1. Aclaración del sueño: hacer preguntas para visualizar con mayor claridad el sueño narrado: edades, descripción de personas y lugares y otras características detalladas de lo soñado, hasta agotar todas las preguntas razonables para que el psicoterapeuta pueda imaginar lo narrado.
  1. Disparadores: Preguntar cuándo ocurrió el sueño e indagar sobre todos los acontecimientos significativos de esas fechas o etapas de la vida. Especialmente es importante tener información sobre lo ocurrido durante el día y durante la semana en que ocurrió el sueño.
  1. Lista de elementos del sueño. Conjuntamente con el paciente, hacer una lista enumerando cada uno de los elementos que integran la narración del sueño. Es importante que la lista esté constituida por unidades semióticas enteras, por ejemplo, si el paciente dice que soñó “con una casa verde que estaba cerca de una carretera”, el elemento no debe ser solamente “casa” o “casa verde” sino “casa verde cerca de una carretera”.
  1. Primera asociación semiótica: pedir a la persona que diga una o dos cosas que sienta o le vengan a la mente al mencionarle cada uno de los elementos del sueño que fueron enlistados. Anotar sus respuestas en una segunda columna. Es muy importante lograr que las asociaciones sean semióticas y NO SEMÁNTICAS. Las asociaciones semánticas son aquellas que tienen que ver con el CAMPO SEMÁNTICO del concepto inicial. Por ejemplo, si la persona sueña con una “puerta”, al pedirle que diga algo que le venga a la mente o que asocie con “puerta” puede decir “ventana” o “casa”. Este tipo de asociaciones no reflejan claramente los sentimientos asociados a una “puerta”. En cambio las ASOCIACIONES SEMIÓTICAS pueden lograrse preguntado “¿Qué significa para ti “puerta”? Es interesante que la persona diga por ejemplo “bloqueo” o “recuerdo que esperaba a mi mamá sentada junto a la puerta de mi casa”; es decir, asociaciones que reflejen sentimientos o vivencias personales relacionadas con el elemento soñado. Si el psicoterapeuta advierte que el paciente responde semánticamente debe modificar la forma de la pregunta hasta lograr asociaciones semióticas respecto de cada elemento.
  1. Segunda asociación semiótica: Pedir a la persona que diga una o dos cosas que siente o le vienen a la mente al mencionarle cada una de las primeras asociaciones (segunda columna). Anotar sus respuestas en una tercera columna.
  1. Integración semiótica de cada elemento: En una cuarta columna, en cada fila, integrar los conceptos de la segunda y tercera columnas.
  1. Analogía con la vida real: Pedir a la persona que relacione lo anotado en cada fila de la cuarta columna con algo que esté ocurriendo o haya ocurrido en su vida real. El psicoterapeuta puede complementar lo dicho por el paciente. Anotar esto en una quinta columna.
  1.  Vínculos y entramado del sueño: Pedir al paciente que relacione el contenido de las filas uno y dos de la quinta columna, y proceder así por pares hasta terminar las filas. El psicoterapeuta puede complementar lo dicho por el paciente. Anotar lo que se vaya diciendo en una sexta columna.
  1. Vínculos narrativos: Pedir al paciente que relacione el contenido por pares de las filas integradas en la sexta columna. El psicoterapeuta puede complementar lo dicho por el paciente. Anotar esto en la octava y última columna.
  1. Hipótesis completa. Con base en todo lo anterior, el psicoterapeuta genera una hipótesis interpretativa del sueño como un todo y lo anota en una hoja. En esa anotación el psicoterapeuta desglosa el papel que jugaron los diferentes elementos del sueño y como interactuaron en una trama en analogía con los sentimientos y eventos de la vida real del paciente, sin dejar de mencionar ninguno de los elementos, de tal manera que la exposición sea exhaustiva (nada del sueño debe quedar sin comentar).
  1. Retroalimentación del paciente. Poner dicha hipótesis interpretativa a consideración y retroalimentación del paciente.
  1.   Versión final. Tomando en cuenta los comentarios del “soñante”, redactar la versión final de la interpretación del sueño y entregarla al paciente.

Una técnica análoga puede llevarse a cabo con voluntarios a través de ejercicios de asociación libre en los que se les pide hablar durante unos 15 minutos sin interrupción de todo aquello que venga a su mente. Una vez que el paciente acepta realizar este ejercicio, es probable que al principio tenga dificultad para escoger el tema sobre el cual hablar, pero una vez que lo ha elegido y si el psicoterapeuta no lo interrumpe y lo escucha con discreción, es muy probable que el voluntario vaya entrando en el trance de sus propias expresiones verbales, las cuales, sin duda se irán ligando automáticamente a sentimientos y emociones centrales del paciente. Así, el podrá reflexionar sobre sus propias alocuciones y su discurso llegando a reorganizar algunas de sus ideas, percepciones y sentimientos.

Si se realiza la interpretación de un sueño reciente, o uno que el paciente recuerde con mucha fuerza, o uno que sea repetitivo, el investigador clínico puede observar interesantes analogías entre lo interpretado en el sueño y la evolución que tuvo el contenido del discurso libre.

En el discurso libre, el psicoterapeuta procurar no interrumpir hasta terminar los 15 minutos.