Marco Eduardo Murueta contacto videos Sobre Marco Murueta Enlaces libros inicio Inicio

Redes

Enlaces destacados

http://amapsi.org/Imagenes/amapsi-org.gif
Revista Alternativas en Psicología

Foto: Susana Fernández

Si el matrimonio por amor es el único moral,
solamente puede seguir siendo moral
el matrimonio que se mantiene por amor

F. Engels

En México, la proporción de divorcios legales se cuadriplicó en los últimos 40 años, al pasar de 3.2 divorcios por cada 100 matrimonios en 1970 a más de 13 en 2010. Esto es muy comprensible si analizamos la evolución educativa y ocupacional que han tenido las mujeres en ese mismo período, así como sus repercusiones legales, combinándose con algunos avances también significativos en el mayor involucramiento en la crianza por parte del sexo masculino. Al ser las mujeres más independientes y seguras de sí mismas, y al contar con la obligación de la manutención por parte de los hombres, ya no han tenido que soportar tanto maltrato masculino como ocurría con aquellas mujeres que tenían muchos hijos y no tenían una fuente de ingresos propia. No obstante, la tasa actual de divorcios en México todavía está muy por debajo de la que tienen países económicamente ricos. Por ejemplo, en Estados Unidos el 50% de las parejas se disuelven antes de los 7 años de matrimonio.

Ya es un lugar común decir que es preferible -tanto para los cónyuges como para sus hijos- una sana separación que mantener un matrimonio conflictivo. Muchos psicólogos se inclinan a recomendar la separación cuando las parejas riñen continuamente y no se comprenden. Las leyes que antes estaban diseñadas para dificultar el proceso de divorcio se están transformando ahora para hacerlo muy fácil y rápido, por ejemplo en la Ciudad de México.

Sin embargo, la integración amorosa de una pareja, y luego con sus hijos, significa la constitución de un nuevo grupo primario, del cual depende el sentido cotidiano de las acciones de cada uno de sus integrantes, una parte esencial de su identidad personal. Ese nuevo grupo primario se superpone a las influencias psicológicas de las familias de origen (grupos primarios anteriores) y al de las amistades, compañeros, vecinos y conocidos. De tal manera que la ruptura de la relación de pareja genera un vacío de significado para los participantes, una crisis de identidad, de magnitud mayor conforme más involucramiento amoroso, más tiempo y más interdependencia emocional cada persona haya tenido en dicha relación y más inesperado sea el proceso de la separación. La capacidad para afrontar esa crisis será mejor en la medida en que cada persona cuente con más relaciones afectivas fuertes y diversas (familiares, amistades, instituciones), así como proyectos personales importantes que avancen satisfactoriamente.

Si la afectación a los cónyuges puede ser muy profunda y hacerlos caer en depresión o inestabilidad emocional, el impacto puede ser más grande sobre los hijos entre los 2 y los 7 años de edad, cuando éstos están generando su propia identidad, y aún entre los 7 y los 12 años, porque el punto de referencia básico de su vida suelen conformarlo ambos progenitores; salvo que uno o ambos hayan mantenido poco o nulo contacto afectivo desde el principio de la vida de los niños. Queda claro que será poco o nada trascendente la disolución de un matrimonio, de un vínculo de pareja, que no se fundó en el amor.

Dada la trascendencia psicológica para cada integrante de la pareja, para sus hijos y para la vida social, los cónyuges por sí mismos, los consejeros matrimoniales y los psicoterapetuas debieran analizar y valorar si realmente la mejor opción para un caso es la separación o si la relación de pareja aún está viva y puede ser curada y sanada. Con la tecnología de la Psicoterapia de la Praxis es posible curar y sanar prácticamente todas las relaciones conflictivas en las que aún exista un mínimo de afecto positivo por ambas partes. Si una relación de pareja, un vínculo amoroso, puede salvarse, curarse y sanarse no hay por qué precipitarse a darle el tiro de gracia y matarla. Cada divorcio después de una relación que fue profunda deja secuelas emocionales que se integran y mantienen en las actitudes de quienes pasaron la experiencia del divorcio. Siempre será mejor para la salud psicológica de cada integrante de la pareja recuperar la salud de sus vínculos afectivos, aún cuando éstos estuvieran muy enfermos. Es como salvar un brazo, una pierna, un ojo, un diente. La pareja, la relación con el hijo, con el padre, con la madre, con el hermano, constituyen órganos vivos del yo, que no es conveniente amputarlos sin que sea realmente necesario, como en todos los casos médicos.

En efecto, en la Psicoterapia de la Praxis solamente se orientará hacia la disolución de una relación de pareja cuando esta esté ya muerta emocionalmente. El divorcio psicológico se realiza técnicamente cuando uno o ambos elementos de la pareja dicen con seguridad que no tienen interés o amor por el otro (está(n) en cero), o que sienten solamente rechazo, rencor o resentimiento (menos de cero). Así como a la persona que parece haber muerto se le aplican pruebas (el espejo en la nariz, escuchar si tiene pulso, alumbrar su pupila) para confirmar la muerte antes de decretarla y proceder a la cremación o a la sepultura, el psicoterapeuta busca evidencias de vida o de muerte de la relación de pareja antes de proceder al divorcio psicológico: ¿ha habido expresiones afectivas espontáneas de ambas partes en los últimos 3 meses? ¿Han tenido intimidad o sexualidad satisfactoria en ese período? ¿Cómo reacciona el que dice que ya no tiene interés si se le hacer imaginar a su pareja en relación amorosa con otra persona? Así, para proceder al divorcio psicológico el psicoterapeuta verifica que:

  1. Uno o ambos integrantes de la pareja dicen que desean terminar la relación porque ya no tienen amor por el otro.
  2. No ha habido expresiones afectivas espontáneas de ambos integrantes de la pareja en los últimos 3 meses
  3. No han tenido intimidad sexual satisfactoria para ambos en los últimos 3 meses
  4. Al imaginar a su cónyuge en una relación amorosa distinta, se mantiene indiferente o incluso lo celebra.

Si esas 4 condiciones no se cumplen, el psicoterapeuta explica y orienta a ambos integrantes a darse una oportunidad para curar y sanar la relación con base en la psicoterapia de pareja. Ya sea de inmediato o después de unos días o semanas de reflexión por parte de los cónyuges, el psicoterapeuta aplica la Técnica de Diadas para iniciar la psicoterapia de pareja.  El psicoterapeuta explica a ambos cónyuges que la peor opción es la ambigüedad y el dejar las cosas a la deriva: o bien hacen algo para salvar, curar y sanar la relación; o bien deciden separarse en el más corto plazo posible. El psicoterapeuta les dice que puede apoyarles terapéuticamente para afrontar cualquiera de las dos decisiones que tomen: 1) Para mejorar su relación de pareja, la psicoterapia será conjunta iniciando con la Técnica de Diadas; 2) Para el proceso de separación, solamente habrá una o máximo dos sesiones conjuntas y luego su tratamiento será totalmente individual.

Una vez que el psicoterapeuta verifica que se han cumplido las 4 condiciones anteriores, procede a aplicar el divorcio psicológico:

  1. Por separado prepara a cada uno de los cónyuges.
    1. Con el cónyuge que desea claramente la separación, el psicoterapeuta le prepara para:
      1. Comunicar su decisión al otro de manera serena, cordial y asertiva
      2. Mantener una actitud comprensiva, generosa y respetuosa hacia el otro
      3. Tener orientación y conocer la descripción del apoyo psicológico individual que puede recibir para afrontar más sanamente el proceso de separación.
      4. Establecer la forma en que podría llevarse a cabo el proceso de separación
        1. ¿Quién sale de la casa y quién se queda?
        2. ¿Cuándo puede darse la separación física (a la brevedad posible)?
        3. Custodia de los hijos, si los hay
        4. Sistema para la convivencia de ambos con los hijos, si los hay
        5. Manutención de los hijos
        6. Apoyos económicos de una parte a la otra después de la separación
        7. Distribución de bienes materiales
        8. Límites en el contacto entre ambos después del divorcio
        9. Cómo explicar a los hijos, a familiares y a amigos cercanos la separación y los acuerdos establecidos
    1. Con el cónyuge que no desea o no sabe si desea la separación, el psicoterapeuta analiza los posibles escenarios:
      1. ¿Qué expectativas tiene sobre que el otro desee mantener la relación? ¿Cómo reaccionar en este caso? ¿En qué consistiría la psicoterapia de pareja a grandes rasgos?
      2. ¿Qué expectativas tiene sobre que el otro no desee mantener la relación? ¿Cómo reaccionar en este caso? ¿En qué consistiría la psicoterapia individual a grandes rasgos?
      3. En caso de que la otra persona dijera que ha dejado de sentir amor se pregunta: “¿Usted quisiera mantener así una relación de pareja?” El 100% de los pacientes contesta que no quiere tener una relación de pareja donde solamente él sea el interesado.
      4. El psicoterapeuta explica que muchas personas que dicen que ya no quieren tener una relación de pareja, al llevar esto a la práctica y vivenciarlo, es frecuente que cambien de opinión, y que con el interés explícito de ambas partes es posible realizar una psicoterapia de pareja con muchas probabilidades de éxito. Sin embargo, cuando realmente una de las dos partes ya no desea mantener una relación de pareja, no se arrepentirá de su decisión de separarse y lo más sano es realizar dicha separación en el más corto plazo posible para disminuir el desgaste emocional y permitir la realización de actividades para la superación emocional individual de las dos partes.
  1. El psicoterapeuta pide a ambos integrantes de la pareja que pasen juntos al consultorio.
    1. Hace una breve introducción señalando que al hablar con cada uno por separado ha comprendido la perspectiva que tienen de la situación de su pareja. Si es el caso, reconoce a cada uno su interés y disposición para hacer las cosas lo mejor posible para ambos, señalando que eso es un buen punto de partida para el trabajo psicoterapéutico.
    2. A continuación pide al cónyuge que desea terminar la relación que explique su punto de vista y su propuesta al otro. El psicoterapeuta puede hacerle preguntas específicas adicionales para ayudar a que su posición quede muy clara a la otra persona.
    3. El psicoterapeuta pide al otro cónyuge que haga un comentario sobre lo que ha dicho el primero. Como ha sido preparado antes para este escenario, a pesar de que puede haber algunas lágrimas, el segundo cónyuge acepta el proceso de separación.
    4. El psicoterapeuta recomienda que la separación se haga a la brevedad posible e inicia el divorcio psicológico a través de un diálogo sereno y alternado acerca de:
        1. ¿Quién sale de la casa y quién se queda?
        2. ¿Cuándo puede darse la separación física (a la brevedad posible)? Mínimo cambiarse de habitación.
        3. Custodia de los hijos, si los hay
        4. Sistema para la convivencia de ambos con los hijos, si los hay
        5. Manutención de los hijos, si los hay.
        6. Apoyos económicos de una parte a la otra después de la separación, si es que fuera el caso.
        7. Distribución de bienes materiales
        8. Límites en el contacto entre ambos después del divorcio
        9. Cómo explicar a los hijos, a familiares y a amigos cercanos la separación y los acuerdos establecidos
  1. Al alcanzar acuerdos en casa uno de los puntos del diálogo anterior, el psicoterapeuta pide al cónyuge más sereno que pase a la sala de espera y/o se retire si así lo desea, reservando una cita 7 días después para continuar con su psicoterapia personal.
  2. Al quedarse con el paciente más afectado emocionalmente, el psicoterapeuta
    1. Dedica un tiempo breve (2 a 5 minutos) para escuchar cómo se siente en ese momento.
    2. Pregunta y comenta sobre las ventajas que puede tener la separación.
    3. Hace énfasis y pregunta sobre las desventajas que tenía la relación de pareja. Hace un repaso de las insatisfacciones que tenía en esa relación de pareja.
    4. Propicia que el paciente recuerde momentos agradables en situaciones distintas a la relación de pareja que está terminando.
    5. Hace un recuento de familiares y amistades cercanas afectivamente con quienes el paciente puede compartir algunas actividades en esta semana.
    6. Analiza qué actividades sería agradable realizar y cómo introducirse en una nueva dinámica cotidiana, haciendo cosas deseadas que había postergado u otras que podrían ser atractivas.
    7. Motiva al paciente para realizar modificaciones:
      1.  Cambiar la manera en que está ordenada y decorada la casa;
      2. Quitar de la vista todos los símbolos que en el ambiente de la casa puedan evocar la relación de pareja que ha terminado, deshaciéndose de las cosas que sea posible;
      3. Si es posible comprar alguna ropa que sea distinta a la que ha usado tradicionalmente durante la relación de pareja;
      4. Cambiar algunos elementos de su imagen personal (corte de cabello, etc.)
    1. Dialoga con el paciente para generar un propósito de superación personal y otro de diversión o esparcimiento.
    2. Hace una nueva cita en 7 días para continuar con la psicoterapia personal.
  1. En las siguientes sesiones, la psicoterapia se basará en el Cuestionario de Autoevaluación y se propiciará el contacto y cercanía emocional con nuevos grupos y nuevas amistades de ambos sexos.
  2.  En el caso de que el cónyuge que había solicitado la separación rectificara días o semanas después podría iniciarse la psicoterapia de pareja con base en la Técnica de Diadas, la Tecnología del Amor y la mayor seguridad, independencia y salud psicológica de ambos cónyuges.
  3. En algunos casos, las parejas en proceso de separación solicitan ayuda al psicoterapeuta para explicar a los hijos la decisión que han tomado.
    1. El psicoterapeuta los convoca a una siguiente cita junto con sus hijos.
    2. En esa cita, el psicoterapeuta entrevista brevemente a los cónyuges juntos acerca de la situación que ellos perciben en sus hijos.
    3. El psicoterapeuta prepara al cónyuge que desea la separación para que sea quien, minutos después, sea el que inicie la explicación a los hijos, señalando simplemente que la relación de pareja no funcionó y que es algo normal y sano que ambos integrantes de la pareja hayan acordado separarse. Se le pide al otro cónyuge que participe también en el mismo sentido. Ambos deben hacer notar y enfatizar el amor que tienen para los hijos y que el vínculo entre padre-hijos y madre-hijos se mantendrá por siempre y en los mejores términos, a pesar de la separación de la pareja.
    4. El psicoterapeuta pasa por separado a cada uno de los hijos para comprender su vivencia y prepararlo para todos los posibles escenarios.
    5. Se reúne a toda la familia y se inicia la explicación por parte de la pareja como se describe en el inciso c.
    6. El psicoterapeuta refuerza lo dicho por los cónyuges y pide a cada hijo que haga un comentario, comenzando por el más ecuánime.
    7. Al final de esa sesión, se propicia que cada padre converse unos minutos por separado con cada uno de los hijos, para reforzar y personalizar lo que se comentó entre todos.
  4. Es muy importante que se realicen entre 2 y 4 sesiones de psicoterapia individual con cada uno de los integrantes de la familia, antes de iniciar los ejercicios de diadas para el proceso de psicoterapia familiar que integre a los hijos y el padre que tiene la custodia. Si fuese necesario, podrá convocarse a sesiones de los hijos con el otro padre, sin la asistencia (o al menos sin la participación en la sesión) del padre que tiene la custodia, de tal manera que no se reaviven emociones o se provoquen sentimientos encontrados o ambigüedad sobre el estado de separación de la pareja.