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Revista Alternativas en Psicología

El 1 de julio de 2018 es ya una fecha histórica para el pueblo mexicano. A través de votos, ese día se logró por fin deshacerse de la clase política priista después de casi 80 años de sometimiento. Fue notorio el deterioro de esa clase “gobernante” después de la presidencia de Lázaro Cárdenas del Río (1934-1940), que entró en una descomposición mayúscula a partir de la llegada a la presidencia de Carlos Salinas de Gortari (1988), quien se encargó de instalar en plenitud el enfoque neoliberal, mediante el muy recordado fraude electoral, haciendo a un lado de plano los ideales maderistas, zapatistas, villistas y floresmagonistas de la Revolución de 1910-1917.

Fueron muchas injusticias y muchas luchas las que fueron tejiendo -lentamente pero con cada vez mayor desesperación- la derrota de esa mafia político-económica que tenía como símbolo al PRI. Parecía la “dictadura perfecta”, invencible y descarada, a través del manejo absoluto de los medios de comunicación, del uso discrecional de los recursos públicos y de múltiples formas de represión.

La revolución lópezobradorista de 2018 logró darle la puntilla a ese proceso de desprestigio de la clase política y de acumulación de ideas, tácticas y estrategias de luchas sociales de diversa índole y alcance. Más de 30 millones de mexicanos se unieron para lograr este gran cambio político con la perspectiva de una nueva etapa económica y social que evite la sobreconcentración de la riqueza y propicie el desarrollo de toda la Nación y de cada mexicano.

Sin duda, hay un mérito personal de AMLO y de quienes han trabajado junto con él en la construcción del bloque político que logró por fin derrotar al priismo, pero muchos otros también contribuyeron de muchas maneras importantes: organizaciones sociales diversas, maestros alternativos, pensadores, artistas, ecologistas, universitarios, académicos, escritores, autores, familiares de desaparecidos, defensores de los derechos humanos, de los pueblos originarios, de las mujeres, de los niños, de los homosexuales, de la tierra, del territorio, del patrimonio cultural y de la cultura, del agua, de los animales, de la naturaleza. Entre todos logramos la revolución política de 2018, con una victoria electoral aplastante.

Uno de los efectos interesantes de esta revolución es la crisis de los partidos políticos como figuras sociales. Desde antes ya los “partidos” habían tenido un gran desprestigio al volverse entidades-negocio para medrar del erario público. El sistema priista los incluyó dosificadamente en el reparto millonario de recursos públicos y así los corrompió y coptó para que funcionaran como “partidos charros”.

Ahora, el PRI no puede continuar con sus tradicionales manipuleos al no contar con las arcas nacionales que estaban a su disposición. El PAN también quedó evidenciado en sus oportunismos, dividido por las ambiciones de algunos de sus “líderes” y sin un nuevo liderazgo ideológico que pudiera darle cohesión; sin embargo, su esencia conservadora corresponde a las vivencias de la clase media alta y podrá tener algún papel menor en el futuro nacional, que se desvanecerá gradualmente conforme la nueva realidad social, política y cultural se consoliden. El PRD también desaparecerá conforme vaya perdiendo las gubernaturas y municipios que están todavía con su bandera. Movimiento Ciudadano tendrá una subsistencia en Jalisco, con Alfaro, y en algunos otros municipios, pero también con tendencia a su desaparición. El PES no podrá subsistir mucho tiempo a pesar de ser parte de la alianza triunfadora y de contar ahora con muchos diputados y senadores. MORENA tampoco tiene un funcionamiento institucional consolidado, es más un movimiento lopezobradorista que un partido político, si bien es el que se supone ahora está en el poder y recibe la mayor tajada económica en estos años. En suma, podría decirse que (casi) no hay partidos políticos que puedan competir con la fuerza política lópezobradorista. Muchos priistas y militantes de otros partidos saltarán hacia MORENA para tratar de quedar en algún cargo en 2021 y 2024.

Hasta al EZLN, que tanto prestigio ganó hace 25 años, se le ve desdibujado, torpe y mezquino frente al oleaje amloísta. En lugar de reivindicar y pugnar por los ideales que le dieron origen y prestigio, emitió burdas descalificaciones bumerang contra AMLO.

Dado lo famélico de los partidos políticos, la “oposición” al gobierno de AMLO la forman algunos grupos y personajes que se habían beneficiado mucho del sistema priista y sus comentócratas que todavía tienen presencia en la televisión, la radio y los periódicos, pero éstos quedarán cada vez más en ridículo y sufrirán el desgaste de su imagen ante la fuerza popular en las redes sociales; algunos, poco a poco se allanarán al nuevo poder político; y los que no lo hagan, irán desapareciendo de la opinión pública. Algunos grupos de presión buscan y buscarán chanteajear a AMLO con pocas probabilidades de éxito.

AMLO ha demostrado ser perseverante, trabajador y tener habilidad e intuición política muy contrastante con las de sus críticos y rivales. Como presidente de México, podrá usar esas habilidades en la arena internacional para tener un liderazgo en América Latina que le permita hacerse del respeto relativo de los poderosos anglosajones.

No obstante todo lo anterior, desde sus inicios y hasta la fecha AMLO no habla para nada de una revolución esencial. Su discurso y estrategias se dirigen a corregir y hacer funcionar “bien” al sistema capitalista, con un matiz asistencialista para los pobres. Desde que fue Jefe de Gobierno del Distrito Federal desarrolló los programas de apoyo a ancianos, a discapacitados, a madres solteras, a los niños y a los jóvenes, pero nunca ha querido impulsar el poder político, económico y cultural del pueblo. Su estilo tiende a ser paternalista: el gobierno resuelve y atiende las necesidades de los pobres, pero no propicia que éstos dejen de ser pobres y sean ellos los poderosos. AMLO no tiene idea de las enormes posibilidades del poder social, el poder colectivo, el poder del pueblo, más allá del voto.

AMLO tiene razón al decir que no solamente debe reprimirse a la violencia, sino atacar sus causas. Pero, para él, las causas solamente son la falta de universidades y “empleos” para los jóvenes. No ve los problemas de la vida familiar, de las escuelas y de las comunidades que causan la violencia, las adicciones y la corrupción. A la corrupción solamente quiere combatirla con su ejemplo de honestidad y con represión a “los de arriba”. No ve que también la corrupción tiene causas que debieran ser combatidas, la más importante: el sistema capitalista que por su propia dinámica propicia la concentración económica, la pobreza, el desempleo, el sometimiento de unos por otros, el ver a los demás y a la naturaleza como medios que se pueden usar y desechar.

Ingenuamente y con estilo religioso, AMLO supone que con la impresión de una cartilla moral inspirada en la de Alfonso Reyes, una especie de catecismo, contribuirá de manera significativa al sentido ético de los mexicanos, especialmente de niños y jóvenes. No se da cuenta de que cerca de 2000 años de evangelización no han logrado su propósito. AMLO no sabe que los valores surgen de los afectos y que éstos dependen de la conexión emocional entre padres e hijos, entre hermanos, entre maestros y alumnos, entre vecinos, entre la comunidad y cada persona; es decir, no sabe que la forma de funcionamiento del sistema capitalista destruye los afectos y, por tanto, los valores. Se requieren crear nuevas formas de convivencia e interacción para crear afectos y valores, o sea, una forma de vida social que sea mejor que la capitalista: una sociedad del afecto, en la que cada persona sienta como propio el bien de la comunidad y la comunidad se encargue del bien de cada persona.

Para crear la Sociedad del afecto es necesario un nuevo diseño constitucional, que retome lo mejor de la Constitución de 1917, pero en la que se establezca una nueva forma de organización política y económica, en la que el pueblo organizado sea autogobierno, a través de asambleas y consejos barriales, municipales, estatales y nacional, vinculados a consejos técnicos especializados, consejos sectoriales y consejos gremiales. Es necesario terminar ya con el presidencialismo y sustituirlo con el poder colectivo. Una nueva sociedad mexicana, donde gradualmente vayan desvaneciéndose las empresas de modelo capitalista para dar paso a empresas cooperativas, para que no haya “empleados y empleadores” sino socios cooperativistas empresarios. Que las escuelas dejen de ser encierros donde se tienen que aprender cosas que no interesan a  los educandos, para desarrollar escuelas como centros de acción social y cultural, donde los educandos y educadores analicen, proyecten y realicen actividades creadoras para beneficio de las comunidades y al hacerlo se entusiasmen, potencien sus aprendizajes y su cultura y, por tanto, desarrollen el sentido de comunidad, único antídoto verdadero y preventivo contra la corrupción.

¿Qué hacer?

Considerando todo lo anterior, quienes luchamos por la justicia y equidad plenas, la fraternidad generalizada, la libertad y la verdadera democracia, necesitamos construir paso a paso la Sociedad del Afecto, aprovechando y valorando el avance logrado desde el 1 de julio de 2018 y los aportes de López Obrador, sus colaboradores y simpatizantes. En consecuencia propongo lo siguiente:

  1. Valorar el avance que significa la revolución política de 2018.
  2. Evitar abrir espacios para el retorno de la cultura y del poder priista.
  3. Mantener a raya al pensamiento conservador, a través del análisis y la crítica.
  4. Proponer cambios políticos, económicos, culturales y sociales para construir el autogobierno popular, a saber:
  5. Establecer como principio el combate a la explotación de unos seres humanos por otros y priorizar la economía cooperativa, social y solidaria.
  6. Garantizar trabajo para todos.
  7. Impulsar de manera estratégica y aprovechar racionalmente la producción agropecuaria, mediante capacitación, organización productiva e incentivos para el aprovechamiento y desarrollo de tecnologías productivas sanas, sin el uso de transgénicos, fertilizantes y herbicidas químicos, evitando perjuicios a la salud, al medio ambiente y a la tierra, de tal manera que sea mejor sembrar y cosechar en el territorio nacional que importar alimentos. Promover el desarrollo rural integral, comprometido con la sustentabilidad y sostenibilidad, para garantizar el abasto suficiente y oportuno de alimentos para toda la población, de manera que se asegure la soberanía alimentaria de la nación.
  8. Los pueblos originarios deben ser valorados de forma especial y sus culturas proyectadas a la comunidad nacional e internacional. Todos los idiomas vivos han de ser lenguas oficiales, en las cuales se publicarán las leyes y decretos de gobierno. En los programas de educación básica debe incluirse la enseñanza-aprendizaje de al menos una lengua originaria y familiarizarse con esa cultura.
  9. Todas las escuelas deben ser laicas y concebirse como centros de formación y acción social y cultural, mediante el aprendizaje cooperativo, creador y estético para combatir el individualismo y la rivalidad.
  10. En todos los ámbitos sociales debe promoverse el sentido de integración, cooperación y cuidado de la naturaleza y con la comunidad, así como la equidad entre géneros y entre diversas capacidades. Los adultos mayores y las personas con limitaciones físicas deben ser valorados e integrados a la vida social, de acuerdo con sus posibilidades.
  11. La discriminación y la violencia han de combatirse de manera cultural y jurídica, mediante leyes equitativas limitación de las acciones violentas y programas educativos y en los medios de comunicación, así como con conceptos, expresiones estéticas y prácticas culturales que reivindiquen la dignidad femenina, la masculina y de otras identidades sexuales. La equidad de género debe ser una política general para cuidarse en todos los ámbitos.
  12. Garantizar a todos el acceso a los bienes y servicios necesarios para una vida digna, como alimentación, agua limpia, vivienda, salud integral gratuita, trabajo, educación gratuita en todos los niveles, cultura, información y recreación. Nadie debe padecer pobreza que afecte alguno de estos aspectos.
  13. La televisión, la radio, internet, las nuevas tecnologías y las redes sociales han de ser medios al acceso gratuito para la expresión de las comunidades y de todos los mexicanos, en sus diferentes ámbitos, sectores y gremios.
  14. Reconocer públicamente y apoyar especialmente a los inventores de nuevas tecnologías, a los científicos, a los deportistas y artistas, promoviendo también el retorno de los talentos mexicanos que hayan emigrado.
  15. Brindar apoyo y asesoría gratuita, expedita y efectiva para defender el respeto a los derechos de los mexicanos que estén de manera transitoria o radiquen en otros países, así como facilitar la legalización de los migrantes que desde otros países lleguen el territorio nacional, ofreciéndoles apoyos para garantizar una estancia digna, el respeto a sus derechos humanos y, en su caso, la adecuada integración a la comunidad nacional.
  16. Los hidrocarburos, las reservas naturales, las aguas, la electricidad, las telecomunicaciones, el espacio aéreo, las minas y las playas pertenecen al pueblo y deben estar a cargo del Estado Nacional, por lo que no podrán venderse a particulares y han de recuperarse aquellas que hayan sido enajenadas, concesionadas o cedidas a cualquier particular nacional o extranjero. 
  17. Los proyectos y megaproyectos de infraestructura, públicos o privados, respetarán al medio ambiente, a las comunidades y los territorios de los pueblos, así como sus derechos. 
  18. Con la participación de todos, ha de formarse un autogobierno popular nacional a través de asambleas comunitarias que designen delegados a las asambleas políticas municipales, las cuales tendrán delegados en las asambleas políticas estatales y éstas en la Asamblea Política Nacional. En cada Asamblea se elegirá a un Consejo Coordinador, así como se organizarán las comisiones temáticas y sectoriales. Habrá revocación de mandato. Los asambleístas tendrán salarios moderados, no mayores a los de los docentes universitarios de tiempo completo.  Además de las Asambleas Políticas, se formarán Consejos Técnico-Temáticos, Sectoriales y Gremiales, integrados en los ámbitos municipal, estatal y nacional.
  19. La Ciudad de México y los 59 municipios conurbados han de formar el Estado del Valle de México. Las alcaldías se transformarán en municipios libres.
  20. Los partidos podrán influir en la vida política pero no recibirán presupuesto público para su funcionamiento y desarrollo. Podrán expresarse de manera gratuita y amplia por los medios de comunicación masiva, sin censura ni restricciones de ninguna índole.
  21. El sistema nacional hacendario debe tener como base la recaudación y administración municipal. Los Consejos Comunitarios y Municipales Hacendarios, con base en la Ley, deben ser responsables de recaudar los impuestos sobre la renta, sobre el consumo y sobre el uso de suelo o predial, siendo también los encargados de combatir la evasión fiscal y rendir cuentas transparentes y oportunas.
  22. En lugar de Suprema Corte de Justicia debe formarse un Consejo Nacional de Justicia, en coordinación con los Consejos Estatales y Municipales de Justicia.
  23. Las cárceles deben ser sustituidas por Hospitales Psicológicos Forenses para el tratamiento, rehabilitación y reinserción de los internos a la sociedad, en lugar del castigo.
  24. El Ejército y la Marina deben ser sustituidos por una Guardia Nacional debidamente remunerada, apoyada en milicias populares entrenadas de manera adecuada, estratégica y sistemática.
  25. La unidad, la integración y la articulación de los países latinoamericanos deben ser prioridades del Estado mexicano.
  26. Los tratados internacionales deben estar supeditados a la Constitución.

Estas propuestas deben ser puestas a consideración de todas las fuerzas políticas, incluyendo a la presidencia de la república y a los congresos nacional y estatales, así como  plasmarlas de manera cabal en una nueva Constitución que pueda ser aprobada por una Asamblea Nacional Constituyente, convocada por los poderes establecidos o autoconvocada. El nuevo diseño constitucional debe ser puesto a consideración de Asambleas Constituyentes por estado y por municipio y solicitar que éstas elaboren su propia constitución de manera articulada con el proyecto nacional.

De manera paralela al desarrollo de ese camino constituyente, los participantes podemos iniciar la construcción de las instituciones que se proponen, al tiempo que los docentes, los estudiantes, los padres de familia, los científicos y los artistas realizan los cambios educativos y culturales necesarios; y los trabajadores y “desempleados” se capacitan para hacer realidad la sustitución paulatina de las empresas capitalistas con empresas cooperativas. En esto estamos trabajando en el Consejo Nacional del Pueblo Mexicano (CNPM) y estamos afinando el nuevo diseño constitucional en un Nuevo Congreso Nacional Constituyente.

Es tiempo de construir nuestra nueva Nación, como un referente para América Latina y una nueva posibilidad de vida social en el planeta Tierra.