Marco Eduardo Murueta contacto videos Sobre Marco Murueta Enlaces libros inicio Inicio

Redes

Enlaces destacados

http://amapsi.org/Imagenes/amapsi-org.gif
Revista Alternativas en Psicología

Foto: Eperales

Hay una frase muy divulgada que dice: “quien no conoce la historia se condena a repetirla”. Frase que podría concatenarse en una relativa paradoja con el planteamiento de Marx acerca de que “la historia no se repite más que como caricatura”.

Memoria e identidad

Independientemente de lo anterior, lo cierto es que desde los Upanishads en la antigua India, desde Herodoto, Hesíodo y Homero en la antigua Grecia, pasando por el Antiguo testamento y los juglares medievales, el conocimiento de lo que ha ocurrido juega un papel fundamental para la vida humana. Los seres humanos se distinguen de otros animales por la capacidad que tienen para recuperar las experiencias de otros. Sin esa cualidad no habría homo sapiens.

Pero ¿qué es la historia? Se dice que alguien entra o pasa a la historia cuando ha tenido una actuación que deja huella en la memoria colectiva. Sin embargo, este enfoque implicaría que existen algunos individuos que viven al margen de la historia, lo cual leva a una difícil situación para establecer las fronteras o límites de lo histórico. La noción de memoria colectiva también requiere ser analizada y precisada, porque lo colectivo podría empezar con dos personas.

En El ser y el tiempo, Heidegger distingue entre historia e histografía. La histografía consiste de la narración o descripción de acontecimientos ocurridos; pero la historia –dice- es el sido que se abre junto con el advenir. La historia reside en la temporalidad de la cura. La historia, en tanto sido, se abre –diría Heidegger- en un determinado encontrarse, ese estado de ánimo. Sin embargo, ese encontrarse, ese estado de ánimo sólo puede a su vez entenderse como producto de la historia vivida-sabida-comprendida.

La historia así nunca es una, sino que se diversifica tanto en su producción como en el retrotraerse sobre la misma en la interpretación, en la rememoración de lo que ha ocurrido. La historia es polivalente, pero quienes difunden su punto de vista sobre lo que ha ocurrido promueven que otros compartan sus interpretaciones y comulguen con ellos al juzgar los acontecimientos recientes y el proyecto colectivo. De esa manera, apoderarse de la memoria colectiva vía la enseñanza de la historia, la comunicación de lo que ha ocurrido, implica generar una identidad colectiva, un conjunto de valores, ideas y costumbres, y por tanto, un proyecto colectivo consensado.

Sin memoria colectiva sólo hay aglomeración de individuos; no hay grupo, no hay comunidad, no hay nación, no hay humanidad (en el sentido profundo de este término).  La falta de una historia compartida promueve la barbarie entre los seres humanos. Las visiones antagónicas de la historia son la fuente básica de la violencia, de la guerra. Tienen visiones antagónicas de la historia  solo quienes tienen intereses antagónicos, irreconciliables. Pero si una facción logra la amnesia histórica de sus potenciales enemigos históricos, entonces estos quedaran a merced de las comunicaciones más inmediatistas de los primeros. De manera análoga a un individuo amnésico, que depende de lo que digan, un pueblo amnésico dependerá de los medios de comunicación masiva, es decir, de lo que difundan un puñado de comunicadores con intereses y enfoques bien delimitados dentro de un sistema de poder, de dominación.

Historia oficial y amnesia

En México, después de la Revolución de 1910-1917, el nuevo gobierno  -conforme se fue consolidando- acuñó y difundió su interpretación de la historia del país. Porfirio Díaz era considerado como un cruel dictador que había gobernado despóticamente durante 34 años. El nuevo valor había sido acuñado por la frase de Madero: “sufragio efectivo, no reelección”. Esa era la proyección histórica que se impartía en las escuelas de educación básica hasta 1988.

Por lo menos desde 1940 y hasta 1972, año de la Reforma Educativa echeverrista, la enseñanza de la historia en la educación básica tenia un enfoque maniqueo considerando a los héroes nacionales (desde Cuauhtémoc hasta Lázaro Cárdenas) como semidioses todo-bondadosos, a los que había que agradecer el legado territorial, económico, social y político, pues habían librado al país de perniciosos agentes como los “gachupines” o españoles, los invasores norteamericanos y franceses, los Maximiliano y Carlota, Porfirio Díaz, Victoriano Huerta, las transnacionales petroleras, etc. Esto se puede cotejar en los libros de texto gratuitos desde 1961 hasta 1971. Todavía en los mensajes que la televisión difunde cada noche del 15 de septiembre, y en algunas otras ocasiones, se puede ver este tipo de enfoque.

Sin embargo, en 1972 dada la influencia de algunas ideas pedagógicas de moda como el uso del método global para la enseñanza de las materias que se impartían previamente, en particular, la enseñanza de la historia en la primaria cambió radicalmente: la historia se entremezclaba con la geografía y con civismo dentro del área de Ciencias Sociales. Además, con el supuesto fin de hacer más accesible para los niños la comprensión de los acontecimientos históricos, se eliminó la anterior narrativa “patriotera” para dar paso a una narrativa tipo cuento. Desde nuestro punto de vista esto provocó:

  1. Una menor atención de maestros y alumnos a la enseñanza-aprendizaje de la historia;
  2. Una menor importancia atribuida al contenido de la narración histórica;
  3. Una desconexión entre los acontecimientos de una etapa y/o narración los de otra etapa y/o narración. Resultaba una historia-cuento de los aztecas llegando al Valle de México para fundar la Gran Tenochtitlán y otra historia-cuento la vida de Sor Juana Inés de la Cruz; otra historia-cuento la de Don Miguel Hidalgo que parecía haber tenido simplemente ganas de dar el Grito de la Independencia; otra historia-cuento la de los Niños Héroes, o la de Benito Juárez, el pastoricto, etc., etc.
  4. En su conjunto, lo anterior provocó a largo plazo una amnesia en las generaciones que estudiaron la primaria posteriormente a 1972, algunos de cuyos integrantes cursan actualmente licenciaturas o posgrados con una idea muy difusa del país en que viven.

Si a lo anterior sumamos el advenimiento simultáneo de la televisión, entonces tenemos que:

  1. Las nuevas generaciones saben mucho más e superhéroes, caricaturas y telenovelas que de historia de México;
  2. La lectura como vehículo de comunicación y contacto con el mundo, pasó a segundo plano por el mayor atractivo y disponibilidad de las imágenes y sonidos de la televisión, lo cual puede haber contribuido al analfabetismo funcional que muchos adultos padecen.

La televisión en México, se ha ocupado relativamente muy poco de la historia de México.

Se conocen las telenovelas: “Los caudillos”, “La carreta”, “Toda una vida”, “Senda de gloria”, y recientemente “El vuelo del águila”. Telenovela, ésta última, que provocó que en una investigación que realizamos sobre los personajes de televisión que más admiraban los niños y con los cuales se identificaban tuviera el primer lugar nada mas y nada menos que Porfirio Díaz.

Esta revelación refleja también otra tendencia de interpretación histórica surgida durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, a la cual parecía reivindicarse la figura de Don Porfirio, para aminorar las arraigadas actitudes antirreeleccionistas en una buena parte de la población mexicana educada antes de 1972, al tiempo de lograr que las nuevas generaciones vieran como positivo que en México se implantará la posibilidad de la reelección en el poder presidencial.

El año de 1993 fue declarado oficialmente como año de la enseñanza de la “Historia en México”, tomando en cuenta las carencias en ese sentido. Durante ese año se dio un fuerte debate entre los intelectuales y la Secretaría de Educación Pública acerca de los enfoques y contenidos que se habían plasmado en los nuevos libros de texto. El debate culminó con el retiro de los mencionados libros, para sustituirlos por otros en los que aún no se expusieran los acontecimientos más recientes de la historia del país, a fin de evadir la polémica.

En virtud de loa antes expuesto resulta importante llevar a cabo una investigación acerca de cómo se está enseñando y aprendiendo la historia de México, y cuáles son las implicaciones de esto para la identidad nacional y para el desarrollo del país.

Nuevo proyecto de vida social

Como decíamos antes, la característica fundamental que distingue a los seres humanos de otras especies animales es la posibilidad de proyectar fines que orienten su acción. Un ser humano antes de construir un edificio desarrolla la idea de lo que desea lograr. Otras especies a lo sumo logran reproducir lo que su herencia genética les transmite como dispositivo para ciertos tipos de construcción (pájaros, abejas, hormigas, castores, etc.); los seres humanos, en cambio, tienen la capacidad de crear nuevos tipos de construcción, mediante una cada vez más compleja combinación de experiencias propias y ajenas.

Esta capacidad para imaginar lo que aún no ha existido ha sido mitificada durante casi toda la historia humana. Es lo que fundamenta la libertad como posibilidad de elegir, como “libre albedrío” para decidir, como base de la responsabilidad de los actos intencionales. Sin embargo, si se analiza con cuidado, la imaginación de algo nuevo únicamente es posible sobre la base de lo ya conocido, de la experiencia acumulada, es decir, de la historia. Pero la experiencia directa, individual, no basta para comprender el fenómeno de la creación, del proyectar, se requiere de que cada quien incorpore una gran cantidad de la experiencia de otros, de la cultura, en primer lugar a través del lenguaje, de la comunicación, que permite que unos asimilen la experiencia que otros han vivido y la combinen con la propia para generar el proyecto. No puede haber proyecto si no existe representación, símbolos que anticipen posibilidades; y los códigos simbólicos son producto de la co-operación, de la sociedad. Por eso el individuo sólo puede comprender cabalmente como síntesis continua del proceso cultural en que participa.

En efecto, para generar un proyecto colectivo se requiere de la articulación de las historias individuales en una historia común. Un grupo o una comunidad se conforman como tales al compartir una historia y un proyecto. La simple reunión de personas en un espacio común, sin reunión de personas en un espacio común, sin reunión de personas en un espacio común, sin con-vivencia, resulta en una aglomeración que no hace unidad más que circunstancialmente, incluso es muy posible que se estorben unos a otros, que los demás resulten una molestia para cada uno, actuando dispersamente en función de intereses particulares.

A finales del siglo XX, en México tenemos una situación social complicada por la carencia de cohesión producida por el desgaste de la vida política y social que tiene a su vez raíces en el acaparamiento de la riqueza en unas cuantas manos frente a la pobreza creciente de la mayoría de la población. Como lo ha dicho Carlos Fuentes, estamos frente al fracaso tanto del proyecto “neoliberal”, como se conoce la política de los últimos sexenios, como de la tradicional política proteccionista-populista. En realidad, se trata del fracaso del proyecto capitalista y la ausencia de un proyecto alternativo creíble para la mayoría después de la caída de la Unión Soviética y los avatares de Cuba y Nicaragua.

Los escándalos de corrupción, la burocracia, la represión, los asesinatos políticos, la creciente violencia cotidiana y la amenaza de la guerra civil y militar se unen a la pauperización progresiva que produce desesperación contres posibles efectos en la población:

  1. Apatía, fundada en la desesperanza generalizada, en la desconfianza de cada quien en los demás;
  2. Frustración, irritación y tendencia a la violencia;
  3. Búsqueda de alternativas viables, una propensión a la hiperactividad con poca respuesta colectiva, lo que a la larga puede traducirse en una de las dos anteriores operaciones.

¿De dónde sacar un proyecto nacional viable, satisfactorio en esencia para la mayoría de los mexicanos? Un proyecto que pueda representar el nuevo consenso que se requiere para mantener la unidad nacional e impulsar el desarrollo. Está visto que la simple importación de modelos tal como fueron establecidos en otros lugares no es el recurso para encontrar una salida a la crisis de los países de América Latina y de México, en particular.

Desde nuestro punto de vista se requiere re-procesar la historia nacional, re-vivir los acontecimientos que han generado el presente para llegar a la síntesis de lo que podemos ser como país; re-procesar conjuntamente la historia universal para gestar la nueva humanidad que el siglo XXI, con toda su potencialidad tecnológica exige del presente.

Es evidente que la mayoría de la población padece de amnesia histórica, tal como lo hemos comprobado a través de investigación de campo. A pesar de que en la primaria, en la secundaria y en la preparatoria la historia de México ha sido una materia obligada, la didáctica y la estructura narrativa ha generado que una gran cantidad de mexicanos ignoren los pasajes más relevantes de la historia nacional y que, por tanto, carezcan de criterios para juzgar acontecimientos actuales, así como del amor a la patria y la autoestima colectiva que es necesaria para la participación comprometida en la vida social.

El patriotismo incluso se considera un valor caduco pues se confunde con el “patrioterismo” como pose reverencial ante la bandera y el himno nacional que parecen simbolizar únicamente actos protocolarios sin contenido histórico. Frases históricas como “la patria es primero” o “morir es poco cuando por la patria se muere” hoy parecieran carecer de la profundidad emotiva que las ha mantenido desde hace casi dos siglos.

La patria constituye el conjunto de la herencia histórica que identifica a los mexicanos de hoy, con los del pasado y con los del futuro. El amor a la patria, es el amor a la identidad histórica de un pueblo, a su dignidad. Los símbolos patrios representan esa esencia histórica que no puede amarse si se desconocen las luchas y los ideales de que se nutren.

La enseñanza de la historia en México tiene un vínculo estrechísimo con el proyecto de nación implícito en la misma. Se narra la historia destacando lo que se considera valioso, digno de ser recuperado en el presente, y criticando lo que se considera como una experiencia que no debiera repetirse. Cada párrafo de un libro de historia nos destaca, desde un ángulo determinado, los acontecimientos que tienen un significado para el presente y el futuro nacional.

Ante un futuro tan incierto como actualmente se vislumbra, la historia pierde anclaje, se anquilosa en lo trillado.

Por otra parte, la generación de un nuevo proyecto nacional parece dada vez más urgente ante la crisis que se vive actualmente. Es necesario redefinir los valores que pueden cohesionar la vida del país. Valores que puedan encontrar un cauce de realización viable en estructuras nuevas y sistemas de relación social también nuevos. Si la población encuentra una salida creíble, accesible a sus muchas necesidades, existe la posibilidad de que ésta se vuelque a participar para lograr el proyecto. Pero sin proyecto, únicamente la frustración, la desconfianza, la desesperanza y la violencia social tendrán lugar.